El viernes amaneció hermoso, despejado y con muestras de que la noche anterior había caído una linda nevada en las altas cumbres de la cordillera, que se veían a simple vista bien blancas y brillantes.
Tomamos la RN 40 hacia el norte, y nos desviamos paralelos al río Salado hacia el Valle de Las Leñas. Ahí nomás, nos salimos del camino para tomar una antigua huella que corre al otro lado del río, por el borde de la montaña y que no estaba en buenas condiciones.
Varios lugares derrumbados nos obligaron a transitar despacio y en uno de los lugares tuvimos que bajarnos a ver si era posible pasar. Por suerte, pudimos seguir y no tuvimos que retomar hacia atrás... la idea era entrar por ahí y regresar al atardecer por el camino tradicional de asfalto. Buscamos una huella que nos llevaría al norte pero estaba cortada por un río con agua abundante y una casa cercada con corrales y animales. Seguimos hasta toparnos con la Laguna de la Niña Encantada y fuimos a recorrerla.
Es increíble el color de esas aguas y dan ganas de tirarse al agua igual que “Elcha” pero sin desaparecer... Seguimos por ese lado del río hasta Los Molles, donde salimos al asfalto nuevamente.
Una breve visita al pozo de las ánimas, donde es impresionante escuchar el ruido del viento que parecen llantos y ver a las cabras como caminan por las paredes casi verticales. El complejo del Valle de las Leñas estaba lleno de gente. Salían los cuatriciclos con familias enteras, un grupo de monjas se hacían fotos mirando cada punto cardinal y una legión de gente pugnaba por pagar los $ 75.- por persona que te cobran por llevarte apretado en una 4x4 hasta el mirador del Valle Hermoso.
Paramos a comer unas empanadas, sentados afuera y al solcito, como ajenos a todo ese despelote de turistas y nos reímos viendo como se apretaban hasta 10 personas en un Defender 110 que hacia viajes turísticos. Una vez que el sol dejara de estar vertical, salimos para empezar a aprovechar la mejor luz y nos internamos en el camino que nos lleva al Valle Hermoso.
Este valle es para mi, uno de los lugares mas bellos de nuestro país, no solo por su entrada, sino por como se nos abre ante la vista y por todo su esplendor encerrado entre montañas. Llegar al mirador fue fácil, incluso trepamos un poco mas arriba con la camioneta, sin excedernos porque estaba la gente de turismo y no quisimos tener problemas con ellos.
Luego de las fotografías típicas de toda la vista hermosa del valle, empezamos a descender por el caracol para meternos en el corazón del valle. El camino es rispido y había barro producto de lluvias ese mismo día por la mañana, pero despacio y con tranquilidad logramos llegar abajo sin problemas.
Apenas pisado el valle nos desviamos por una huellita que apenas se veía y que baja al cauce del río hacia el norte y desde donde hay una vista muy buena de los deltas que forma el río al salir al valle. Estábamos casi arrancado de regreso cuando una sombra enorme cruzo por encima del capot de la camioneta....y me di cuenta que era un Cóndor que curioseaba nuestra camioneta. Bajamos lentamente y ahí estaba, casi detenido en el aire, arriba nuestro, mirándonos fijo. Fue un regalo de Dios tener esa oportunidad de fotografiar un Cóndor tan de cerca. Aparentemente era una hembra por su tamaño y joven ya que apenas estaba empezando a formarse el collar blanco alrededor de su cuello. Planeaba sin aletear arriba nuestro poniéndose a favor de la luz y a contraluz, aprovechando las corrientes de aire... pero no se alejaba mas de 40 o 50 metros de nosotros. Estuvimos aproximadamente 15 minutos con ese regalo que nos daba la naturaleza. Y nos duro el asombro por lo que quedo del día.
Volvimos a la huella principal y fuimos hasta la misma laguna, donde paramos a caminar un rato, hacer algunas fotografías más y sentir el lugar. La huella llega hasta el fondo del valle y hacia allá íbamos cuando nos sorprendió un vadeo con un cartel que decía 80 cm. de profundidad. Despacito lo pasamos sin inconvenientes y nos fuimos metiendo en el corazón de ese Valle Hermoso que hace perfecta gala a su nombre. Encontramos una cueva en una ladera de la montaña derrumbada, de donde salía agua, formando un pequeño arroyo. Maria Laura quiso ir a explorar, animada con sus experiencias de la mina en Paramillos y en la Cueva de las Brujas y tuvimos que frenarla, explicándole que allí estaba claro el tema de los peligros de derrumbe. Regresamos exhaustos este ultimo día, como queriéndole sacar hasta la ultima gota de paisajes y gastando hasta el final cada memoria en nuestras cámaras. Nos había gustado mucho la pizza de Estación 7, así que decidimos por mayoría absoluta volver esta última noche y comer nuevamente allí.

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